Las ilustraciones de las moscas fueron creadas especialmente para este proyecto, cuidando cada detalle técnico y estético, respetando su historia y su función, pero reinterpretándolas desde el diseño. No son solo imágenes: son relatos visuales que conectan la pesca con el vino.
En la contraetiqueta incorporamos un QR que lleva a una experiencia digital pensada como extensión del producto. Al escanearlo, el consumidor accede a una landing donde los propios hermanos enseñan a atar las moscas que aparecen en cada etiqueta, a través de videos originales. El vino deja de ser solo vino y se convierte en experiencia, conocimiento y comunidad.
Desarrollamos todo el proyecto de forma integral:
ilustraciones, etiquetas, estuche contenedor de las botellas y la landing digital que recibe al usuario. Un trabajo donde el diseño no adorna, sino que cuenta una historia real, profunda y auténtica.
Un vino que no solo se bebe.
Se entiende, se siente y se vive.